Tomad y comed esto es mi cuerpo

SOLEMNIDAD CORPUS CHRISTI

Evangelio: Mc 14, 12-16.22-26

Es un regalo para mí poder compartir la lectio de esta página del Evangelio que da sentido a mi vida cada día.

El mejor regalo que nos podía dejar Jesús al marcharse era este…el Misterio de su presencia en el Pan, en la vida de cada uno, en su Iglesia. 19. pan y caliz de perú

No ha buscado quedarse entre nosotros en formas inaccesibles, en presencia inalcanzable, no, se ha querido quedar en lo más humilde, en lo más sencillo, en el signo que acompaña a los pobres, el pan.

Un Pan que está formado por muchos granos de la espiga, triturados y amasados, horneados y transformados en pan caliente que se deja comer y que nutre y alimenta.

Cuando celebro cada día la eucaristía, y pongo junto al pan mi vida, lo poco que tengo y soy, y junto a mí a mis hermanos…experimento la fuerza transformadora de su amor y el gran compromiso que es ser con El pan.

No es frase gastada… aunque sea muy pronunciada por nosotros, no, es realidad profunda que cambia la vida.

En el momento de la epíclesis, cuando el sacerdote invoca al Espíritu sobre estos dones…del pan y vino y de cada uno de los que participamos, quedamos a la espera como ofrenda que en la consagración se transformarán en su CUERPO, Ser con El y en El Cuerpo de Cristo…realmente impresiona…ser desde mi pobreza pan y dejarme comer…o más bien dejar a Cristo en mí que siga siendo ALIMENTO ….fuerza y consuelo…es preciosa vocación.

Es un compromiso renovado cada día…. en cada eucaristía, esto significa que ya no me pertenezco, que nada es mío nada ni mi tiempo, cualidades, dones, mi cuerpo…todo ha de ser en El donado, entregado en ofrenda permanente. Siento una pobreza inmensa pero también un gozo inmenso.

Maria Emilia nos dice: Nuestro Señor nos ha elegido y al darse nos a sí mismo y al hacernos suyas nos ha sellado con el sello celestial de la vocación eucarística y este sello lleva la dulce misión de amar a Jesús con delirio, hasta el martirio, la de darle a conocer y hacer suele amen, en una palabra, la santidad más consumada.

Sí, gracias Señor por el don de la VOCACIÓN EUCARÍSTICA, soy feliz viviendo junto a Ti y a mis hermanas y hermanos en esta Familia MISSAMI esta misión en la Iglesia; siendo contigo pan y recibiendo la consagración cada día: TOMAD Y COMED ESTO ES MI CUERPO QUE SE ENTREGA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES.

Marian Macías Rodríguez
@marianmss

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