Del 2 al 4 de octubre en Madrid, hemos celebrado un nuevo Encuentro de Pastoral MISSAMI, en el que han participado religiosas y laicos de las distintas comunidades y presencias de España y Portugal: Madrid, Pamplona, Mallorca, Barcelona, Granada y Viana do Castelo.
Bajo el lema «Disponibles para la misión», cuatro verbos han marcado el ritmo del encuentro: escuchar, discernir, responder y salir.
Durante estos días hemos compartido espacios de formación, reflexión, trabajo en grupo y oración, pero también tiempos más informales que nos han permitido conversar, conocernos mejor y poner en común cómo estamos viviendo la pastoral en nuestras diferentes realidades.
Alargar las tiendas
Después de la acogida del viernes, la jornada del sábado comenzó con la celebración de la Eucaristía y el saludo de la Superiora General, Marian Macías.
A continuación, Koldo Gutiérrez, sacerdote salesiano, ofreció la reflexión Alargar las tiendas. Disponibles para la misión, centrada en los retos actuales de la pastoral vocacional.
La imagen de la tienda sirvió como punto de partida. En la tradición bíblica, la tienda es casa, lugar de encuentro y también lugar de misión. Por eso, «alargar las tiendas» supone ampliar la casa y abrir espacio para que otros puedan participar de la misión.
La reflexión puso sobre la mesa algunas cuestiones importantes para nuestra pastoral: el contexto social y eclesial en el que vivimos, la necesidad de escuchar al Espíritu y de comprender la vocación como una llamada que atraviesa toda la existencia.
Uno de los aspectos destacados fue precisamente la necesidad de cuidar y revitalizar la propia vocación. Difícilmente podemos acompañar a otros en sus búsquedas si nosotros mismos no seguimos cultivando nuestra relación con Dios y renovando la respuesta a nuestra propia llamada.
También se insistió en que el objetivo de la pastoral es acompañar a las personas hacia la experiencia de Dios, desde el encuentro, la relación y la cercanía.
Comunidades vivas, acogida y acompañamiento
El posterior trabajo en grupos permitió llevar estas reflexiones a nuestra propia realidad.
Entre los aspectos que aparecieron con mayor fuerza estuvo la necesidad de contar con comunidades vivas, capaces de transmitir con naturalidad aquello que viven; comunidades abiertas, acogedoras y donde las relaciones ocupen un lugar importante.
Se habló de una pastoral que necesita cada vez más de la presencia y la escucha, de acompañar los procesos personales y de generar relaciones cercanas y cordiales.
En este sentido, una de las constataciones compartidas fue que la sed de Dios sigue estando presente. Nuestro reto es saber reconocerla y acompañarla, ayudando a las personas a descubrir qué quiere Dios para sus vidas.
La cordialidad apareció también como una actitud importante. No se trata únicamente de organizar actividades, sino de cuidar a las personas, crear espacios de buenas relaciones y acercarnos a cada una desde el respeto y la libertad.
Toda la pastoral puede ser vocacional
La tarde del sábado estuvo dedicada al segundo proceso capitular, centrado en la pastoral vocacional, motivación iluminada por nuestra Superiora General, Marian Macías.
La propuesta plantea un cambio de perspectiva: pasar de considerar la pastoral vocacional como una tarea específica de algunas personas o equipos a entenderla como una dimensión que atraviesa toda la misión de la Familia MISSAMI.
En este sentido, todos somos responsables. Religiosas y laicos estamos llamados a vivir nuestra propia vocación y a acompañar la llamada de otros desde los diferentes ámbitos en los que estamos presentes.
Cinco verbos ayudaron a concretar esta forma de entender la pastoral: vivir, mostrar, escuchar, acompañar y proponer. No basta con realizar actividades; se trata de caminar con las personas y acompañar sus procesos.
Esta mirada permite también reconocer que la dimensión vocacional ya está presente en muchos de nuestros espacios habituales: colegios, comunidades, centros eucarísticos, residencias universitarias, grupos MEL, familias, parroquias, proyectos misioneros y redes sociales. No se trata necesariamente de hacer más cosas, sino de descubrir y potenciar la dimensión vocacional de lo que ya hacemos.
La jornada continuó con un tiempo de Adoración y Vísperas, en el que pudimos llevar a la oración lo reflexionado durante el día.
Por la noche compartimos también la película Los domingos, que nos permitió acercarnos desde otro lenguaje al tema de la vocación y abrió un espacio sencillo de reflexión y conversación.
Fue un espacio de esparcimiento, pero también una oportunidad para volver sobre algunas de las preguntas que habían atravesado toda la jornada: la llamada, la libertad, el discernimiento, las búsquedas personales y el misterio del proyecto de Dios en cada vida.
Escuchar los pasos que ya estamos dando
La mañana del domingo estuvo dedicada principalmente a la escucha.
Las diferentes comunidades y presencias compartieron los pasos que se están dando actualmente en la pastoral, mostrando la variedad de iniciativas que se desarrollan en el día a día.
Se habló de los centros eucarísticos, los colegios, las residencias universitarias, los grupos MEL, las comunidades y otros espacios de misión, así como de algunos proyectos que se están planteando para el futuro.
Este compartir permitió constatar algo importante: muchas de estas iniciativas son posibles gracias al trabajo conjunto y a la comunión entre religiosas y laicos.
La pastoral no depende únicamente de grandes proyectos. Se construye también a través de muchas acciones cotidianas, personas que colaboran, comunidades que acompañan y pequeñas iniciativas en las que podemos reconocer cómo Dios sigue actuando.
La reflexión de Koldo había insistido precisamente en esta idea: «nos necesitamos todos». Una cultura vocacional requiere valorarnos, apoyarnos y complementarnos desde las diferentes vocaciones.
Seguir caminando
El encuentro concluyó el domingo con la celebración de la Eucaristía.
Han sido tres días que nos han permitido compartir lo que hacemos, revisar nuestra manera de entender la pastoral y plantearnos nuevos pasos.
También han sido una oportunidad para encontrarnos personas de diferentes comunidades y obras, compartir conversaciones sencillas y descubrir experiencias que pueden ayudarnos mutuamente.
Volvemos a nuestras realidades con el reto de seguir construyendo una pastoral que sepa escuchar antes de responder, discernir antes de actuar y estar dispuesta a salir al encuentro de las personas.
Una pastoral construida desde la comunión entre religiosas y laicos y desde la identidad que compartimos como Familia MISSAMI.
Escuchar · Discernir · Responder · Salir.
Cuatro verbos para seguir caminando.
Cuatro movimientos para una Familia MISSAMI que quiere permanecer disponible para la misión, viviendo y compartiendo con alegría el carisma eucarístico, mariano y misionero, siguiendo el camino iniciado por la Beata María Emilia Riquelme.
Porque la misión continúa. Y, como hemos recordado estos días, no hacemos simplemente pastoral vocacional: somos pastoral vocacional.
Curia General








