Un encuentro para profundizar en la comunión y aprender a vivir desde la “Grandeza” en la vida cotidiana
Con el lema “Misioneros en comunión”, los Misioneros Eucarísticos Laicos (MEL) celebramos en Madrid nuestra Asamblea anual de 2026, un espacio de encuentro, reflexión y crecimiento compartido.
Durante la jornada tuvimos la oportunidad de profundizar en el poder transformador de la comunión de la mano de Gerardo Kuhlmann y Belén López de Andrés, quienes nos ayudaron a descubrir qué significa vivir desde la Grandeza, conectados con la fuente de vida que es Dios, el Espíritu, al que también llamaron el “Gran Verdeador”.
Vivir desde la Grandeza significa vivir desde nuestra mejor versión: desde el amor, la compasión, la gratitud y la bendición.
Para ello necesitamos una mirada consciente, que nos permita reconocer dónde estamos, y una decisión firme de dejar que el Espíritu “verdee” nuestras vidas. No se trata solo de un movimiento interior, sino también de una manera de mirar la realidad, de relacionarnos con las personas, de hablar, actuar y sentir.
Para comprenderlo mejor utilizaron el símbolo de las gafas rojas y las gafas verdes. Las gafas verdes representan una mirada abierta a la esperanza, la alegría, los pensamientos positivos, la confianza, el amor y la compasión. Las gafas rojas, en cambio, simbolizan la mirada marcada por lo contrario. La invitación es clara: podemos elegir desde dónde mirarnos y desde dónde mirar la realidad.
Este proceso de “verdeamiento” puede imaginarse como cuatro círculos concéntricos.
El primero es el de nuestra vida personal, el más importante, porque de él depende la influencia que ejercemos en los demás.
El segundo círculo es el de la familia, la comunidad religiosa y las relaciones cercanas, donde estamos llamados a “verdear” con amor, servicio y compasión.
El tercer círculo abarca las relaciones en el trabajo y en el barrio.
Finalmente, el cuarto círculo se sitúa a nivel social y estructural, en todo aquello que tiene que ver con las instituciones y la función pública.
La comunión se sitúa en este territorio del “verde”, que busca sumar y apostar por la verdad en un mundo muchas veces fragmentado. Estamos invitados a ser pan que se parte, pan bueno para los demás.
A lo largo del encuentro también trabajamos en las cuatro cuerdas de la comunión: abrazar la fragilidad, el cuidado del otro, el amor de Dios y el compartirnos. Estas claves nos están ayudando durante este año a caminar hacia una vida vivida “con un solo corazón y una sola alma”.
Por la tarde compartimos aquello que más había resonado en nuestro corazón y, en grupos, elaboramos un decálogo que quiere servir de inspiración para nuestras comunidades de vida.
La jornada fue también una oportunidad para agradecer, escuchar y seguir fortaleciendo los lazos de comunión que nos unen en la misión.
Con gratitud, damos gracias a Dios y a cada una de las personas que participaron en esta experiencia por su apertura, disponibilidad y deseo de seguir caminando juntos.
Elisa Mármol
Delegada de Misión compartida



