El pasado 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, hemos celebrado con profunda gratitud los 130 años de nuestra fundación. Ha sido una fecha muy especial para nosotras, un momento para hacer memoria, dar gracias y renovar, una vez más, nuestro sí a la misión.

Bajo el lema “130 años siendo presencia de comunión”, esta celebración ha sido mucho más que un aniversario. Ha sido una oportunidad para volver al origen, contemplar el camino recorrido y reconocer, con humildad y alegría, todo lo que Dios ha ido realizando en nuestra historia desde aquel 25 de marzo de 1896, cuando la Beata María Emilia Riquelme y Zayas dio forma a esta obra nacida de la adoración, del amor a María y del deseo ardiente de llevar el Evangelio a todos.

Celebrar 130 años nos ha invitado a detenernos y mirar nuestra historia con profundidad. Hemos recordado a tantas hermanas que, a lo largo del tiempo, han entregado su vida con fidelidad silenciosa, haciendo visible nuestro carisma eucarístico, mariano y misionero en contextos muy diversos.

También hemos vuelto la mirada a nuestra fundadora, la Beata María Emilia Riquelme, mujer de fe profunda, corazón contemplativo y espíritu valiente, que supo escuchar la llamada de Dios y responder con una vida enteramente entregada. Su intuición espiritual sigue viva hoy en nuestra Congregación, que continúa adorando, sirviendo y anunciando.

Como ella misma escribió: “El espíritu interior y distintivo de nuestra familia es la entrega voluntaria y alegre por la gloria de Dios y el bien de los hermanos…”. Estas palabras siguen iluminando nuestro camino.

A lo largo de estos 130 años, el carisma recibido ha seguido dando fruto en la Iglesia y en la sociedad. Hoy estamos presentes en nueve países —España, Portugal, Filipinas, Brasil, Angola, Estados Unidos, México, Colombia y Bolivia—, donde desarrollamos nuestra misión en comunidades, centros educativos, proyectos sociales y espacios pastorales.

En cada uno de estos lugares, esta celebración ha sido una ocasión para agradecer la historia recibida y renovar nuestro compromiso de seguir siendo presencia de comunión allí donde Dios nos llama: entre niños, jóvenes, familias, personas vulnerables y comunidades cristianas que caminan con esperanza.

Un tiempo de gracia compartido

Este aniversario ha tenido además un significado especial porque lo hemos vivido en el marco de la clausura del tiempo jubilar concedido por la Santa Sede, iniciado el pasado 10 de diciembre de 2025, fiesta litúrgica de nuestra fundadora, y culminado el 25 de marzo de 2026. Durante estos meses hemos recorrido un camino de gracia, comunión y esperanza, viviendo distintas celebraciones y momentos de oración como preparación para este aniversario.

Este tiempo jubilar ha sido para nosotras una invitación a redescubrir la belleza de nuestra vocación, a volver a Jesús Eucaristía, a dejarnos acompañar por María y a renovar el impulso misionero que nos sigue enviando al encuentro de los hermanos.

Granada, lugar de origen y de memoria viva

Celebrar este aniversario en Granada, donde nació nuestra Congregación, ha tenido para nosotras un significado especialmente profundo. Volver al lugar de los comienzos ha sido volver a las raíces, al sueño inicial, al gesto valiente de una mujer que creyó que Dios podía hacer fecunda una vida totalmente entregada.

Hemos sentido, una vez más, que nuestra historia no pertenece solo al pasado. Es una historia viva, sostenida por la fidelidad de Dios, tejida por la entrega de muchas hermanas y enriquecida también por tantas personas que, de una u otra forma, comparten nuestro camino y nuestro carisma.

Seguimos caminando con esperanza

Celebrar estos 130 años no ha sido solo recordar lo vivido. Ha sido también renovar nuestra mirada hacia el futuro. Queremos seguir caminando con esperanza, respondiendo con creatividad a los desafíos del presente y continuando nuestra misión desde la adoración, la fraternidad y el servicio.

Como expresó nuestra Superiora General, la Hna. Marian Macías Rodríguez, con motivo de este aniversario: “Celebrar 130 años es hacer memoria agradecida de todo lo que Dios ha realizado en nuestra historia y renovar, con esperanza, el compromiso de seguir siendo presencia de comunión allí donde Dios nos llame”.

Con esa certeza seguimos adelante: agradecidas por el camino recorrido, sostenidas por la fidelidad de Dios y disponibles para continuar siendo, en medio del mundo, presencia de comunión.

Curia General