Tú en mí y yo en Ti

V DOMINGO DE PASCUA

Evangelio: Jn 15, 1-8

Tras leer este pasaje evangélico, viene sobre mí una “lluvia de ideas”, típica de encuentros y convivencias: “Permaneced en mi Amor”, “Sin Mí no podéis hacer nada”, “Estamos llamados a dar fruto”, “Dios cuida de nosotros con cariño”, “Jesús nos ofrece su Amistad”...

Inevitablemente, esto da paso a unas cuantas preguntas: ¿Qué me mantiene unida al Señor y qué separada de Él?, ¿Qué poda necesita mi vida? ¿Cuántas ramas y hojas secas acumulo? ¿Me dejo cuidar por Dios a Su manera o quiero imponerle la mía?... Y, por supuesto: ¿Estoy dando el fruto que Él espera y los demás necesitan?...

Buscando algún texto que me ilumine un poco, encuentro estas dos frases que comparto porque me parecen acertadas: - “Permanecer significa una Comunión continua”... Está claro que depende de cada uno mantenerla o romperla, recuperarla... - “Dar fruto es sinónimo de ser en Jesús y de que Jesús lo sea en nosotros”... Basta con desearlo, del resto ya se encargará Él.

Y, de repente, recuerdo un canto de “Brotes de Olivo”, de los primeros que conocí, estando en el colegio: “La vid y los sarmientos”. Aquellas voces infantiles - que siendo ya adultas continúan dando buen “fruto” - expresaban estupendamente los puntos esenciales: Para dar fruto hay que estar unido a la Vid... Si vivimos en Dios, Él vivirá en nosotros... Sin Él no podemos hacer nada... Sólo en Él y con Él seremos felices. Después de escuchar la canción, poco más que añadir. Ahí va el enlace por si queréis hacer la prueba: https://youtu.be/JmV7CgVv69U

Como dicen que “Recordar es volver a pasar por el corazón” (a mí me gusta añadir que para agradecer), ese canto, que he escuchado varias veces después de aquellos años de colegio, esta vez me invitaba al agradecimiento... En primer lugar al Señor por quererme como parte Suya, por cuidarme con cariño, por no dejar que mis ramas y hojas se sequen del todo, por sus podas (casi siempre acompañadas de mis quejas y protestas, cuando no me gustan o me duelen), por no dejar que me separe de Él, por facilitarme vivir la fe en comunidad... Agradecimiento a tantas personas que, a lo largo de mi vida, me han cuidado y siguen cuidando en su Nombre...

Y, además, una invitación a “Dar gratis lo que gratis he recibido” - para que ese agradecimiento sea más auténtico - cuidando yo también a otros, siendo cauce de la Savia y el Amor de Dios... Naturalmente, junto a María: La que siempre permanece, la que supo dar fruto, la que se dejó hacer, cuidar y podar... sin condiciones.

Mª Pilar Flores, mel

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