Nuestra Vida Fraterna

“En esto conocerán todos que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros”. (Jn 13,35)

Somos llamadas por el Espíritu con una misma vocación, formamos todas una Fraternidad unida en el nombre del Señor.

Queremos que nuestra vida refleje la unión que existe en la Trinidad, haciendo realidad en nosotras el ardiente deseo de Jesús: “Que todos sean uno, como nosotros somos Uno, para que el mundo crea”. (Jn 17, 21)

En respuesta a nuestra vocación queremos crear una comunidad como la primera comunidad de creyentes ,como una verdadera Familia, reunida en el nombre del Señor, que goza de su presencia porque el amor de Dios, se ha derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo. De este modo somos llamadas a ser ante el mundo signo de unidad y comunión.

En nuestra Familia religiosa hay diferentes servicios para llevar a cabo la misión que Dios nos ha confiado. Todas deseamos tener la mejor disponibilidad para realizar cualquier misión que se nos pida, sabiendo que es lo que Dios nos pide para construir su reino.

Nos esforzamos por vivir fielmente esta disponibilidad, configurándonos con Cristo, el Hombre enteramente disponible. Nuestro propio Carisma nos lleva a cumplir la recomendación de nuestra Fundadora: “Estad prontas para todo, es decir, para ir y venir, para subir y bajar, pero no en un momento de entusiasmo, sino siempre”

Nuestras comunidades queremos que sean como las de los primeros creyentes, que tenían un solo corazón y una sola alma.

Esta fraternidad nos exige una vivencia eucarística fuerte que nos configura con Jesucristo y nos une con todos los que se nutren del mismo Pan; y, a la vez, una asimilación progresiva de la Palabra de Dios. Nos pide también una comunicación fraterna en las alegrías, penas, proyectos, etc., de manera que cada una de nosotras nos sintamos estimuladas, comprendidas y defendidas por nuestra comunidad.

Sin embargo este Ideal comunitario, no es una realidad del todo conseguida, sino una meta a la que queremos tender sin descanso, con la seguridad de que el Señor Jesús está presente. Todas nos sentimos responsables de la edificación de la comunidad, con nuestro amor fraterno y el servicio generoso y gratuito a las hermanas. Procuramos en la vida comunitaria hacer felices a las demás, y nos esforzamos para que cada hermana se sienta integrada en la comunidad, y esté segura de la estima y confianza de todas.

La Eucaristía que vivimos diariamente en comunidad, nos configura con Cristo Resucitado, nos compromete y fortalece nuestra vida fraterna. De Ella sacamos la fuerza necesaria para permanecer en unión de corazones.

La sinceridad es elemento primordial para la formación de una verdadera comunidad. Empleamos también el discernimiento y el diálogo para lograr entre nosotras el entendimiento y comprensión, y la comunión en un clima de humildad, sinceridad y sencillez, confianza y respeto mutuo.

Conscientes de nuestra capacidad de amar y ser amadas, fomentamos entre nosotras la verdadera amistad que exige donación del Yo al Otro y nos libera del egoísmo, abriéndonos al amor de Dios y a los hermanos.

Reconocemos con sencillez nuestras cualidades, asumimos personal y comunitariamente, la responsabilidad de potenciarlas, y desarrollarlas para el bien y enriquecimiento de todo el grupo y de los demás hermanos.