IV Domingo de Cuaresma – La parábola del padre bueno

Lucas 15:1-3, 11-32

Hace años hice una dinámica con esta parábola y siempre que la leo rememoro aquellos momentos y pienso lo bueno que fuese que toda la asamblea entera, sea la que sea que la escuche; hiciera o repitiera aquel ejercicio de entonces.

La dinámica consiste en agruparse de tres en tres e ir rotando en la representación de los tres personajes principales de la parábola: El Padre Bueno, El hijo pródigo y El hijo mayor.

Al ir metiéndonos en cada uno de ellos podríamos apreciar mucho mejor la MISERICORDIA de Dios.

Cuando comentábamos posteriormente nuestro sentir, todos coincidíamos en lo difícil que nos había resultado ser el hijo mayor…pobre hijo mayor. No entendimos la respuesta misericordiosa del Padre” Tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”. Sin embargo era evidente la que tenía con el pequeño …..

Nos pasa que nos ponemos mejor en la piel del menor por nuestra infidelidades y las sabemos revivir en nuestra vida y porque nosotros con nuestros juicios nos quedamos en la superficie mientras que el Padre Bueno mira nuestro interior.

No caemos en la cuenta de ser hijo mayor y no lo reconocemos cuando nos dice” todo lo mío es tuyo”.

Tenemos que perder el miedo a los prejuicios para poder acoger al necesitado de perdón, para poder perdonar y dar misericordia.

Debemos saber mirar más allá, más a lo que queda por hacer que a lo que se hizo.

Dice el Papa Francisco en su “Misericordie Vultus”: La Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro, es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida; es la vía que une a Dios y al hombre porque abre el corazón a la esperanza de ser amados sin tener en cuenta el límite de nuestro pecado.

Sepamos colocar a Dios en nuestras vidas como lo hizo nuestra madre fundadora Mª Emilia, como nuestro TODO, así nos sentiremos afortunados y llenos de su perdón porque ha sido nuestro antes, aunque inmerecidamente.

      Soledad Molpeceres.

Deja un comentario