En las periferias existenciales

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio: Mc 7, 31-37

Misionero…, ad gentes…, en salida…, en éxodo constante… Son algunos rasgos que presenta Jesús, el Maestro, en el relato evangélico de este domingo XXIII del tiempo ordinario. Abundan los gestos en el milagro que nos propone contemplar, con asombro maravillado, como los testigos directos de aquel momento:

Jesús introduce los dedos en el oído, pone saliva sobre la lengua, suspira, dice una palabra en su propio idioma… un verdadero contacto de Jesús con el enfermo para curarlo; como sólo Dios sabe hacer las cosas: para redimirnos y salvarnos baja hasta nosotros, se mete en nuestra historia, asume nuestro “barro”…

Y, es que lo tuyo, Jesús, es bajar…; desde aquel inefable instante en que descendiste a nuestra tierra, todo es abaj-arte, vaci-arte, despoj-arte, descentr-arte, humill-arte… ¡Qué sorprendente, por humano y sencillo, es tu arte, Oh Dios, infinito y eterno!.

Era necesario… alientas, con tu palabra convincente, nuestra lánguida esperanza, en situaciones de turbación o de incertidumbre. Gracias, Jesús; era necesario… para acampar entre nosotros y compartir tu sueño trinitario, este anonadamiento inaudito: hacerte pan para los pobres; derramar tu sangre por nosotros; convertir tu corazón en una fuente; hacer de la cruz tu sacramento; hacer de la muerte una victoria…

En Ti no hay límite ni medida; siempre más… Abre nuestra mente a la sinrazón de tu lógica, de tu locura; empapa nuestro corazón de tu entrañable y vulnerable ternura.

Qué sugerente resulta este abajarse, achicarse, para nuestra familia MISAMI. Achícate mucho para más crecer. Sube, sube bajando y llegarás al monte de la perfección. Estoy enamorada locamente de lo pequeñito, del no ser, para que Nuestro Señor y su Santísima Madre lo sean todo en nosotras.

Y qué fascinante, en nuestra identidad carismática, este ocultamiento inconcebible de DIOS-PAN-EUCARISTÍA, donde María Emilia calmó y colmó su sed de Dios.

Gracias, Jesús, por qued-arte para siempre en este Sacramento de Amor. Te contemplamos… te adoramos… Haz que, de tanto mir-arte, nos entre el deseo ardiente de vivir, como Tú, una vida EXPUESTA…, EN SALIDA…, A LA INTEMPERIE…, SIN FRONTERAS…

Alejandra Poza, mss

1 comentario
  1. «De tanto mirarte y contemplarte me llegue el deseo ardiente de vivir como Tu.» Gracias por éste mensaje que me invita a estar más tiempo contigo en el Sagrario.

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