Yo soy el Pan vivo

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

Evangelio: Jn 6, 51-58

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Hoy es la fiesta de un Dios anonadado, es la Fiesta en la que nosotras como Familia somos llamadas a bajar, como Él, a descender para ser pan, alimento, cercanía.

Cuando me dejo afectar por este regalo de una forma nueva, cuando dejo que el asombro eucarístico me toque, cuando experimento el don de la encarnación de un Dios que nos ama, que me ama, que se abaja, que se da todo a mí… es imposible no sentir el deseo de ser con Jesús pan para los demás.

Su carne es don para la vida del mundo, para la vida que nace, para la vida que decae, para la vida que transita, para la vida que acaba…, su Cuerpo es Alimento para la vida del mundo¡¡ y que seguridad me invade el saberlo y el saborearlo, acompaña mi vida y la vida del mundo.

Poder acercarme cada día a la eucaristía y recibir su Cuerpo y su Sangre, es un don que nunca sabré valorar suficientemente. Su Cuerpo me da la vida!!! Y soy invitada a dar vida con mi cuerpo entregado con El.

« ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Es la pregunta que tantas veces me hago o nos podemos hacer, es la pregunta que muchos se harán cuando nos vean dando de comer a los hermanos, no solo en nuestra acción de caridad, sino dándonos a nosotras mismas, hasta gastarnos por Dios y por los demás.

«El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él»

Habitar en tu casa todos los días de mi vida, eso pido al Señor…pero cómo entender que cuando le recibo a Él, esta habitación es misterio profundo, Dios se hace Casa para mí y yo soy Casa para El. , somos una sola cosa, con plenitud de vida y vida eterna. El que come este pan vivirá para siempre

Tu vida entregada por nosotros en la Eucaristía me enseña a, poner en juego la vida, a donarme y aceptar la vida de los otros, a dejarme habitar por Jesús y habitar en Él. Es compartir esta mesa con toda la humanidad que sufre, no separar esta mesa del altar, de las mesas de la vida. Hoy vamos celebrar la Eucaristía y salir a la calle, acompañando en procesión a Cristo y a todos los que desde abajo lo necesitan porque tienen hambre.

“Él en la Eucaristía se da todo a ti” Mª Emilia Riquelme

Marian Macías, mss

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